Acerca de los Himnos Nacionales





No voy a ser yo el que critique a la cantante Marta Sánchez (1) por haber compuesto una letra para nuestro himno nacional, defiendo la libre expresión de los creadores independientemente de su credo, nacionalidad, ideario y mayor o menor calidad en su obra; es más, me apena que a otros artistas les quiten las fotografías de una exposición o les condenen a penas de cárcel por expresarse con peor o mejor gusto. La osadía de la Sra. Sánchez ha venido a intentar tapar una carencia, y es que es la nuestra una de las cuatro naciones del mundo cuyo himno carece de letra.

Desde que oí la nueva versión cantada de nuestro himno no dejo de preguntarme si era realmente necesario acometer esa patriótica tarea. Entiéndaseme bien, no reniego de nada, soy español y “mucho español” como dice un filósofo de lo obvio muy sobrevalorado en las urnas, pero siempre he creído muy cierta aquella frase que se atribuye a Mathama Ghandi (2): “Somos dueños de nuestros silencios y esclavos de nuestras palabras”. Por eso a mí me parece que es un signo de buen gusto y discreción no tener letra, porque para decir gilipolleces ya están las letras de los himnos de otros países.

Cierto es que, cuando la selección española se enfrenta en un partido de fútbol, acompañar la música con un tatareo de tipo “chunda chunda”(3) nos resulta un pelín humillante o ridículo, hay que tomarse un par de cervezas o estar bien oculto en una multitud antes de lanzarse a gritar las notas musicales del himno. Pero más allá de esto, si lo pensamos bien, no necesitamos letra alguna. 

Y si este resultara un problema inaguantable para una parte importante de la población siempre podríamos recurrir a una letra deportiva – con una estrofa dedicada al gol de Iniesta por supuesto (4) – exclusivamente pensada para este tipo de eventos; sin ninguna otra intención política o social. Con ello superaríamos la interminable sucesión de letras y contraletras que a lo largo de la historia han ido surgiendo de la mente de ilustres poetas – empezando por José María Pemán (5), continuando por Joaquín Sabina (6) y terminando por la Sra. Sánchez – que no nos han satisfecho puesto que no se han impuesto como definitivas.

Pero, ¿cómo habrían de satisfacernos?, ninguna letra nos resultará adecuada, han pasado los tiempos del romanticismo nacionalista salvo en los estímulos de ciertas periferias y en la respuesta de ciertos centralismos; la gente tiene otras prioridades, ya no es la época de las canciones populares que derivan en himnos, ni de las gestas heroicas del pasado que merecían cantares. Puede que vuelva la moda, pero ahora mismo parece que no van por ahí los tiros.

Para apoyar lo que afirmo, podemos estudiar los himnos de otros países y ver si nos resultan sensatos, al fin y a la postre, para los que no sabemos idiomas, las letras de los demás nos resultan tan ininteligibles como nuestro “chunda chunda” patrio, quizás en el “a-les-anfans-de-la-patrí” o “doichland-ube-ale” se encuentra escondido algún mensaje poco edificante. Me aventuro a pensar que no pondríamos ninguna de esas las letras en nuestra Marcha Real (7).

Para empezar vamos a hacer un poco de historia. Un himno es una composición musical emblemática de una nación, junto con la bandera y el escudo son los símbolos que identifican un Estado. Tienen su apogeo durante el siglo XIX, el siglo del romanticismo, el de la expansión del nacionalismo por el mundo. 

La mayoría de las letras, conforme a ese espíritu romántico son llamadas a la tradición, al lirismo, a lo bonitos que son nuestros ríos, nuestras mujeres o nuestros amaneceres de verano. Algunos más modernos tienen referencias ideológicas – no en balde el siglo XX fue el de las ideologías, al menos hasta 1989, cuando alguien decretó el fin de la historia - ¿cómo olvidar el himno de la extinta Unión Soviética?. Muchos de ellos hacen referencia al enemigo exterior que esconde aviesas intenciones invasoras o perversas maneras colonialistas; a este respecto los holandeses deberían olvidarse ya de España que ya han pasado unos cuantos siglos de las guerras de Flandes. En general se trata de mostrar la superioridad de la nación cantada sobre las otras del mundo, siendo casi siempre la más bella, la más grande y con la gente más valiente.

En este contexto la Marcha Real española es muy marginal. No nació para loa de una nación, la verdad es que podemos decir que era una música que “pasaba por allí”. Era una marcha militar de paseo de los Granaderos del Rey y era más bien apagada, con sólo pífanos y tambor, porque esta gente desfilaba con bastante parsimonia. Carlos III la convirtió en marcha de honor en 1770 y, como se tocaba en todos los actos, la gente la fue aceptando como himno oficial hasta que se oficializó de verdad en tiempos de Isabel II.

Hay quien quiere ver en esta carencia de letra un signo de que España es en cierto modo un Estado fallido. Bueno, no voy a discutir esta arriesgada afirmación, pero si tuviera que apoyar este pensamiento tendría otros muchos argumentos de mucho mayor peso. Para mí que el hecho de que no se trate de una canción popular, que no surgiera de una revolución, que no naciera en un período de unificación nacional o de esplendor imperial, o que se adoptara antes del boom de los himnos nacionales, tiene mucho que ver en la especificidad de la Marcha Real.

Empecemos por el himno de himnos: “La Marsellesa”. Es un himno de origen revolucionario por eso tiene una letra un tanto sangrienta, nada acerca de la belleza de la campiña francesa ni de los vinos ni quesos que tan buenos les salen. Eso sí, aunque militar, es una letra defensiva, ya que llama a formar batallones a los ciudadanos para defender  la patria de un furibundo invasor. “¿Oís el bramido de aquellos feroces soldados?.../ ¡vienen a degollar a vuestros hijos y esposas!…/ ¡A las armas ciudadanos formad vuestros batallones!,/ ¡qué una sangre impura inunde nuestros surcos!”. Digo yo que esta letra está muy bien cuando haces una revolución popular rodeado de reinos enemigos con monarquías absolutas, pero, en un partido de fútbol entre Francia-España en el Parque de los Príncipes se me antoja excesivo.

El himno alemán parte con ventaja musical, se limitaron a tomar prestada una pieza del gran músico austríaco Franz Joseph Haydn (8) – la “Canción del Emperador” - y a ponerle letra. Se encargó de esta labor un tal Hoffman muy comprometido con la unidad de Alemania, es decir, el himno – llamado literalmente “Canción de Alemania” – tuvo todo de su parte desde el comienzo, se impulsó durante el proceso de unificación alemana y en pleno boom de los himnos nacionales. 

La letra nos deja claro desde el principio que Alemania está por encima de todo. Es verdad que algunos dirigentes históricos se tomaron este mensaje al pie de la letra. Pero más allá, el himno es muy lírico, demuestra una pasión indisimulada por cuatro de sus ríos: el Mosa – que actualmente no pasa por Alemania -, el Niemen – que tampoco toca la Alemania actual -, el Adigio – que todavía la toca menos - y el Belt – que es un canal que pertenece a Dinamarca. ¿Y el Rhin?, ¿y el Danubio?, que sí pasan. 

Sigamos con las tonterías, la segunda estrofa dice: “Mujeres alemanas, lealtad alemana, vino alemán y canciones alemanas/ nunca deben perder en el mundo su buena fama de siempre / y deben siempre inspirarnos a hazañas nobles a lo largo de toda nuestra vida./ ¡Mujeres alemanas, lealtad alemana, vino alemán y canciones alemanas!. He sabido de bellas mujeres nacidas en Alemania y he escuchado música magnífica de aquel país, pero, ¿vino?, ¿no era Alemania un país cervecero?, comparado con Francia o España los alemanes haciendo vino son unos aficionados.

Hay una tercera estrofa añadida por la república federal actual que hoy es la parte oficial del himno y que habla de libertad y democracia, pero las dos primeras se siguen cantando. En resumen, una letra que habla de ríos que no son alemanes y de un vino que no producen. A lo de la democracia y la libertad me apunto. En fin, de todas formas, para estos mimbres prefiero no tener letra.

El británico es un himno con texto dinámico según tengan rey o reina, es el famoso “Dios salve al/a la Rey/Reina”. Es el himno monárquico por excelencia, se centra en apoyar al monarca como cabeza de la nación, que Dios le inspire para que tome buenas decisiones, lo que no deja de ser gracioso en una monarquía en la que el rey reina pero no gobierna. Tiene, ¡Cómo no!, una estrofa dedicada a los enemigos para que Dios los confunda, queden sus trucos al descubierto y los mantenga a raya.

El himno de los Estados Unidos, como el francés, es un himno bastante militar pero defensivo, no son ellos los que atacan, sino que hay un pérfido invasor que amenaza a la tierra de la libertad, lo que puede que esté en consonancia con los primeros tiempos de aquella república, pero no coincide mucho con la superpotencia de las últimas décadas. 

También hay una referencia a Dios en la tercera estrofa: “¡Oh, así sea siempre, en lealtad defendamos nuestra tierra natal contra el torpe invasor!./ A Dios quien nos dio paz, la libertad y honor, /Nos mantuvo nación, con fervor bendigamos./ Nuestra causa es el bien, y por eso triunfamos. /Siempre fue nuestro lema: «En Dios Confiamos»”.

El himno italiano, “Il Canto degli Italiani” (el canto de los italianos), tiene un texto de unificación como el alemán pues sus procesos de unión nacional se produjeron más o menos por la misma época. Pero, en vez de lírico y ensalzador de la patria como el texto alemán, es muy militar. La diferencia se podría deber a que Italia tuvo que guerrear, no sólo entre los reinos que se resistían o apoyaban la unión, sino contra el imperio austríaco y, de hecho, en la letra hay un recadito a Austria: “Ya el águila austríaca ha perdido las plumas”.

A portuguesa” el himno de Portugal, surgió como reacción al ultimátum británico de 1890 (9) y, por consiguiente, es muy guerrero. “¡A las armas, a las armas!/ Sobre la tierra, sobre el mar,/¡A las armas, a las armas!/¡Por la patria luchar!”, dice el estribillo. Es irónico que la letra fuera un calentón ante el toque del gobierno de Lord Salisbury por un problema colonial en África, lo digo porque el tratado internacional en vigor más antiguo lo firmaron ambas naciones en 1373 (10), era un tratado de amistad y cooperación por cierto. No te puedes fiar ni de los viejos amigos.

Los himnos latinoamericanos tienen letras hijas de sus procesos de independencia. Con este origen, no es extraño que destaquen por su militarismo y su liberalismo. Con el tiempo, algunos países como Argentina han corregido el texto original dulcificándolo un poco, sin embargo mantienen - más discretamente - ese espíritu liberal y patriótico. La canción argentina no hace ninguna referencia al fútbol ni al tango, dos grandes aportaciones de ese querido país. 

La letra del mexicano es tremenda. “¡Guerra, guerra sin tregua al que intente/de la patria manchar los blasones!,/¡guerra, guerra! los patrios pendones/en las olas de sangre empapad”. Mucho cañón, mucho estruendo, mucha guerra para mi gusto y, poco liberalismo por cierto.

El de Chile, aunque cumple con los requisitos, por lo menos tiene una estrofa que habla de las bellezas del país. Venezuela y Perú hacen referencia a la independencia, los uruguayos oponen libertad y patria o morir, que digo yo que hay más opciones, y el colombiano rompe cadenas sin aclarar quién las llevaba y quién las ponía, aunque puedo suponerlo.

Podríamos continuar pero creo que es ocioso. La mayoría de los himnos hacen referencia a un mundo pasado, en el que en las guerras el valor y la moral de los hombres era esencial y no dependía tanto de la tecnología, ¿qué valor demuestra un piloto de un dron cuando bombardea Afganistán desde el centro de comando situado en Oregón?. Tiempos pasados cuando la información no fluía a la velocidad actual y la gente pensaba que la guerra era una especie de excursión hacia la gloria y no una matanza injustificable. 

Y en cuanto al lirismo, hoy sabemos lo que de bueno tiene cada país gracias a lo fácil que es viajar pero, sobre todo, a los medios de comunicación de masas. Es más eficaz un anuncio de Turismo de España que poner una letra glorificadora de las paellas, las playas, nuestros castillos y catedrales. En algunos casos, la pérdida de vigencia de los himnos llega al ridículo como en las referencias a los ríos alemanes que ya no son alemanes y muchos países han tenido que actualizar sus textos por razones parecidas. Por todo ello, creo que estamos bien como estamos, aunque tengamos que tararear el himno cada vez que ganamos a los franceses en el Parque de los Príncipes porque, que no os quepa ninguna duda, somos mucho mejores que ellos. Chunda chunda.

Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo

Notas:

  1. Marta Sánchez López (Madrid, 8 de mayo de 1966) es una cantante y compositora española.
  2. Mahatma Gandhi (Porbandar, India británica; 2 de octubre de 1869-Nueva Delhi, Unión de la India; 30 de enero de 1948) fue el dirigente más destacado del Movimiento de independencia indio contra el Raj británico, para lo que practicó la desobediencia civil no violenta, además de pacifista, político, pensador y abogado hinduista indio. Recibió de Rabindranath Tagore el nombre honorífico de Mahatma (alma grande en hindi). En la India también se le llamaba Bāpu ( ‘padre’ en idioma guyaratí).
  3. Chunda chunda es una forma jocosa de referirse al tarareo del himno nacional español. En general se usa como onomatopeya de música repetitiva con percusión.
  4. Andrés Iniesta Luján (Fuentealbilla, Albacete, España, 11 de mayo de 1984) es un futbolista español que juega como centrocampista en el Fútbol Club Barcelona de la Primera División de España, equipo del que es capitán. Él fue el que marcó el gol que dio la victoria a la selección español en la final del mundial de fútbol de 2010 frente a la selección holandesa
  5. José María Pemán y Pemartín (Cádiz, 8 de mayo de 1897 – ibídem, 19 de julio de 1981) fue un escritor español, que cultivó todos los géneros literarios, destacando como periodista, dramaturgo y poeta, además de notable orador. Adscrito ideológicamente al monarquismo tradicional, fue uno de los principales apologistas de la Dictadura de Primo de Rivera y un ídolo intelectual de las derechas durante los años de la Segunda República.
  6. Joaquín Ramón Martínez Sabina (Úbeda, Jaén, España, 12 de febrero de 1949), conocido como Joaquín Sabina, es un cantautor, poeta y pintor español.
  7. Marcha Real es la denominación tradicional, conjuntamente con la de Marcha Granadera —o antiguamente, Marcha de Granaderos—, que recibe el himno nacional de España.
  8. Franz Joseph Haydn, conocido simplemente como Joseph Haydn ​ (Rohrau, cerca de Viena, Austria, 31 de marzo de 1732-Viena, 31 de mayo de 1809) fue un compositor austriaco. Es uno de los máximos representantes del periodo clásico, además de ser conocido como el «padre de la sinfonía» y el «padre del cuarteto de cuerda» gracias a sus importantes contribuciones a ambos géneros. También contribuyó en el desarrollo instrumental del trío con piano y en la evolución de la forma sonata.
  9. El Ultimátum británico de 1890 fue un ultimátum del gobierno británico de Lord Salisbury —entregado el 11 de enero de 1890 mediante un "Memorando"— al gobierno portugués, conminándole a retirar sus fuerzas militares existentes en el territorio comprendido entre las colonias de Mozambique y Angola, en las actuales Zambia y Zimbabue, con el pretexto de un incidente ocurrido entre portugueses y macololos, pero realmente por instigación del magnate de los diamantes sudafricano Cecil Rhodes. La zona era reclamada por Portugal, que la había incluido en el famoso mapa de color rosado, reclamando a partir de la Conferencia de Berlín una franja de territorio que iba de Angola a la contra-costa, o sea, a Mozambique. Representó el principio del fin de la monarquía portuguesa.
  10. El Tratado anglo-portugués de 1373 se firmó entre el rey Eduardo III de Inglaterra y los reyes Fernando I y Leonor de Portugal. Se estableció con su firma un tratado de «amistad, unión [y] la alianza perpetua» entre las dos naciones marítimas, constituyendo con ello la Alianza anglo-portuguesa, aún en vigor. Actualmente es el tratado activo más antiguo del mundo.




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Los Rojos No Usaban Sombrero



Edgar Allan Poe dejó escrito: “nuestros recuerdos son traidores y marchitos”. Nuestra memoria no está sólo mediatizada por su mayor enemigo, el olvido, sino también por nuestros sentimientos y por nuestras convicciones. Será por esta razón por la que hay tanto debate, no ya sobre el franquismo per se – asunto sobre el que se debería hablar más, sobre todo de algunos asuntos que todavía la sociedad española no se atreve a afrontar, nos falta memoria histórica - , sino que más bien el debate se mueve por la senda menos interesante de si el franquismo fue una dictadura atroz o, por el contrario, una dictadura ligera o dictablanda. Es menos interesante porque en realidad la cuestión no resiste el más mínimo análisis serio.

En primer lugar, cada uno de los que vivió en aquella época, cuenta su historia según le fue. Si de alguna manera estabas relacionado con el régimen, te sentías como pez en el agua y tus recuerdos son positivos. Si pertenecías a las clases que no estaban invitadas al festín, la cosa cambiaba y algunos recuerdos son malos e, incluso, trágicos. 

Pero más allá de esto, de las vivencias personales,  señores, el gobierno del general Franco fue – por encima de todo – una dictadura militar, que en sus casi cuarenta años fue pasando de tener un tinte filofascista muy violento a ser un régimen autoritario tecnocrático de violencia más selectiva. Pero siempre bajo mandato del espadón, bajo palio, con un bastón de mando en una mano y la cruz en la otra hasta que la muerte nos separó.

Así que hoy en los medios no es extraño encontrarse gente que reivindica aquella época como algo que no era tan malo como se lo pinta, que si no te metías en política podías vivir bien, que si no hablabas de lo que no te dejaban hablar no pasaba nada. Que era algo que ya está superado, pero que fue una fase necesaria a la que no hay que volver. Que tuvo realizaciones importantes, que pensaba en el trabajador – o “productor” que se decía en la jerga de entonces pues “trabajador” tenía resonancias marxistas -, que fundó la seguridad social, que convirtió el país en una potencia industrial. A mí se me ocurre a bote pronto que en Francia también tuvieron un general, que fue elegido en las urnas,  también crearon la seguridad social,  antes que nosotros,  y eran y son industrialmente más poderosos que nosotros. Así que a lo mejor fue una fase innecesaria a la que no hay que volver.

Pero, ¡ay amigo!, da la casualidad de que yo vivía ya, tenía 15 años cuando murió el dictador,  y no me dan gato por liebre. Yo tengo mis propios recuerdos, los recuerdos del niño que fui, la remembranza de las conversaciones de mis mayores, mi socialización en las costumbres y normas de la época, y asistí – en algunos casos protagonicé – situaciones que no se podían reproducir en ningún otro país de Europa occidental.

Entonces, ante los recuerdos de los que reivindican la dictablanda se alzan mis propios recuerdos de la infancia que no la dejan en buen lugar. Y si ellos tienen derecho a contar su historia yo tengo tanto derecho como ellos a contar la mía.

Por lo tanto, he sacado mis recuerdos de un armario polvoriento y he intentado recuperar ese niño que fui, y van surgiendo de ese armario relatos de cosas que pasaron delante de mí. Pero no sólo cuento lo malo, describo el ambiente, describo no sólo el porrazo del guardia de la porra sino aquello por lo que nos reíamos y éramos felices, la vida tal como la recuerdo desde las lentes de un niño y desde el sentido crítico de un adulto.

Voy sacando microrrelatos – apenas un folio - conforme mi memoria los recupera, poco a poco, sin un orden predeterminado. En un momento dado - cuando voy en el tren de cercanías o cuando me estoy lavando los dientes, o bien, cuando se me va de viaje  la mente en una de esas reuniones de trabajo tan aburridas - me viene a la memoria un recuerdo. Entonces lo apunto en mi libreta – la libreta que llamo “de pensamientos”, que me acompaña siempre - y espero una mejor ocasión para escribir el correspondiente relato. 

Los he publicado y seguiré publicando en mi microblog – Micro Sociología Divertida - y les he dado el nombre general de “Recuerdos de un niño del franquismo”. Pues para mí, un “niño del franquismo”, es aquel que nació y se educó en pleno apogeo de la dictadura.

He sido completamente sincero cuando los he escrito. Todo es tal y como lo recuerdo, pero hemos dicho que los recuerdos son traidores y marchitos, admito que mis relatos no son actas notariales. Los recuerdos de la infancia son además paradójicos, por un lado tienen una fuerza enorme, están grabados a fuego en nuestra memoria, pero por otro lado tienen un cierto toque de ensoñación, un barniz onírico por el que al final no estás seguro si lo soñaste, lo viviste o ambas cosas. De todas formas es lo único que tengo y es lo que os ofrezco. Ahí los dejo para los que quieran leerlos.

En la posguerra, un anuncio  que se convirtió en un hito de la publicidad en España, fue el de una sombrerería cercana a la Puerta del Sol que decía: “Los rojos no usaban sombrero”. Se aprovechaba de la represión del régimen y el consiguiente deseo de no querer ser identificado como de izquierdas, de “no significarse” como se decía en la época, para provocar la necesidad de comprar sombreros en aquella tienda. Si se piensa en ello, se trata de una publicidad muy efectiva, muy poco ética, muy indicativa de lo que pasaba en el país y de que la dictablanda no era tan blanda como quieren hacernos ver.

Para hacer promoción de mis humildes escritos no voy a recurrir a algo parecido, por ejemplo: “Los fachas no leen Sociología Divertida”, sería absurdo, más teniendo en cuenta que no me llevo ni un duro, que me gusta que me lean pero que no deja de ser un hobby. Además, ¿por qué habría de cerrarme a un grupo de lectores?. A lo mejor abren los ojos.

Juan Carlos Barajas Martínez
Niño del franquismo
Historias de un niño del franquismo

Discurso para una Academia

Juan Carlos Barajas 
Instituto Complutense de Ciencia de la Administración


 
ilustración de Pernan Goñi sobre un discurso de Saskia Sassen acerca de la ciudad



Introducción
 
El pasado 25 de octubre tuve la oportunidad de asistir a la conferencia magistral que, con ocasión de su nombramiento como Académica Correspondiente, pronunció la profesora Sassen en la Real Academia de Ingeniería en la ciudad de Madrid.

El título de la conferencia, traducido del inglés, sería más o menos, “Cómo pueden la tecnologías digitales empoderar a los trabajadores de salarios bajos y sus barrios pobres” ("How can Digital Tech enable low wage workers and their poor neighbourhoods").

No pretendo realizar una trascripción del discurso, sino que este artículo es una interpretación personal de lo que dijo, a partir de su charla y de las transparencias de PowerPoint que amablemente nos dejó y que no llegó explicar completamente por falta de tiempo. Así que he podido equivocarme de cabo a rabo y, es muy posible, que la profesora Sassen me corrigiera si llegara a leer estas líneas. Por cierto, sería muy de agradecer, tanto la lectura como la corrección.

Antes de entrar en materia os contaré que el acto se desarrolló con la solemnidad de las grandes ocasiones, ella misma dijo que a los holandeses se les da muy mal el protocolo, aunque premios – entre ellos el Príncipe de Asturias de las ciencias sociales - y doctorados honoris causa no le faltan. Al final creo que esperaba una copa de vino español pero la Academia es muy sobria, terminó el acto y nos fuimos todos. Mis amigos y yo sustituimos el vino por una caña de cerveza en un bar próximo, supongo que, de haber venido con nosotros se lo habría pasado muy bien, pues si hay algo que se nos da bien a los españoles – y a los madrileños en particular – es disfrutar socialmente en la barra de una buena taberna.

El acto empezó con la lectura de la resolución por la que se la nombraba académica, seguida por una presentación (laudatio) realizada por la académica Josefina Gómez. La señora Gómez hizo una semblanza de la vida y la obra de la profesora que le quedó francamente bien. Cualquiera que no conociera a la Sra. Sassen previamente podría llevarse una idea muy certera gracias a esta introducción que, por ende, tuvo la virtud de ser corta.

La digitalización social vista como una variable

A continuación tomó la palabra la profesora Sassen que empezó diciéndonos que lleva más de quince años investigando las consecuencias sociales de la digitalización y que, cuando reflexiona sobre este asunto, le parece que hay ausencias y presencias. Ausencias no justificadas, dominios en los que lo digital todavía no ha entrado como en el caso de los barrios pobres y de las clases trabajadoras que los habitan. Se pregunta cómo podrían beneficiarse estos sectores de lo digital. Por otro lado, hay presencias significativas como la de las clases medias – grandes consumidores de estas tecnologías – y los sectores científicos y técnicos que manejan las tecnologías experimentando enormes mejoras en su trabajo y en su ocio.

La profesora Sassen, por tanto, ha dirigido sus investigaciones al estudio de la digitalización de la sociedad, especialmente en el entorno urbano y en los sectores menos favorecidos, sin olvidar la perspectiva global que siempre está presente en sus análisis. Contempla a la digitalización como una variable con diversos significados que designa como derivativos, transformativos (tranformatives) y constitutivos.

La digitalización de la sociedad contiene un aspecto derivativo en el sentido de que comparte un sustrato común, una raíz común que se manifiesta en tres elementos entrelazados. En primer lugar, hay una fuerte imbricación entre las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) y los contextos sociales en los que éstas se utilizan. Ya no se sabe a ciencia cierta dónde empieza el mundo virtual creado por las TIC y el mundo real. Este punto lo aclara mucho, la imbricación no produce un híbrido, cada una de las partes imbricadas mantiene su identidad, no se disuelven la una en la otra.

En segundo elemento que señala Sassen son las que denomina culturas mediadoras que surgen entre las TIC y sus usuarios, son culturas de uso conformadas por la competencia técnica de los usuarios, sus necesidades de información y el diseño de interfaces de los ingenieros, entre otras características.

Por último, existen unas escalas en el uso que se proyectan en muchos formatos diferentes. Por ejemplo, entre los poderosos, podemos observar un nuevo tipo de riesgo en el  mercado financiero derivado de los efectos de las redes de comunicaciones, de los procesos automáticos que toman decisiones, de los distintos tipos de retroalimentación de los sistemas o de los efectos de la expansión rápida de la información. Entre los menos favorecidos económicamente también se produce a través de la repetición de los procedimientos (recurrence) por parte de miles de usuarios. En el primer caso estamos hablando de procesos automáticos que actúan recurrentemente, en el segundo los procedimientos se activan por las órdenes recurrentes de muchos usuarios.

Estos entornos de uso tan denso en los que trabajan los usuarios tienen una influencia modeladora y, dada la fuerte imbricación entre los mundos virtual y real, afecta tanto a las TIC como a la forma en que las personas las usan. 

Sassen nos habló de una experiencia social que se produjo en Oriente Medio cuando se observó las formas de uso de las TIC en las escuelas coránicas y en sectores de la clase media alta en sus escuelas de secundaria. El aprovechamiento y el uso de las TIC fue muy superior en el ambiente tradicional de las escuelas coránicas que en el ambiente más selecto de las escuelas laicas, probablemente derivado del acceso más fácil a estas tecnologías por parte de las clases medias altas en su propio hogar o, mediante dispositivos móviles, en cualquier momento y en cualquier sitio, lo que obliga a los estudiantes coránicos ha realizar un aprovechamiento más racional de sus recursos. En cierto modo las clases medias son consumidoras digitales, esperan a tener servicios electrónicos adecuados para ellos, y las clases trabajadoras son protagonistas, moldean los servicios. Luego la complejidad social altera los resultados y beneficios del uso. En este sentido hizo también una comparación entre una red comercial y una biblioteca pública,  ambos casos comparten el mismo “cable” pero tienen diferente uso y diferentes formas de dependencia.

Las formaciones socio-digitales

Y todo esto nos lleva al concepto que pareció más novedoso e interesante de toda la conferencia de la profesora Sassen: las formaciones socio-digitales. Voy a explicar lo que entendí. Esa diferencia en las necesidades y uso de las TIC entre distintos grupos sociales generan distintas culturas de uso lo que da lugar a distintos grupos usuarios con diferente comportamiento y esperanzas sobre lo que la red les puede ofrecer. No todas las redes digitales tienen asociadas formaciones socio-digitales, si contemplas una red sólo desde la perspectiva de la comunicación de datos no las vas a encontrar, tienes que ampliar al ámbito social, de hecho, Sassen las define como estructuras electrónicas que reflejan capacidades técnicas y lógicas sociales endógenas interiorizadas en los grupos, entiendo yo, que mediante el uso continuado de las mismas. Todas las tecnologías son fotos, son instantáneas de una sociedad dentro de un espacio y tiempo concreto que nos muestran sus capacidades y condiciones distintivas.

Tal y como lo veo yo, puedo estar equivocado, con el concepto de formaciones socio-digitales, la profesora Sassen se acerca al concepto de estratificación social digital. Las formaciones socio-digitales no son clases sociales pero la clase social influye en cierto grado en su constitución, luego si contemplamos a la sociedad desde esta nueva variable propuesta por Sassen, su estratificación puede estar representada por estas formaciones. No sé si el concepto será útil desde un punto de vista práctico, si ya es difícil el estudio de las clases sociales, qué tan difícil puede llegar a ser el análisis de las formaciones socio-digitales en un entorno tan rápidamente cambiante.

Ecologías de significados

Respecto a los aspectos transformativos y constitutivos de la digitalización, la profesora Sassen profundiza en los ejemplos anteriores: los mercados financieros y, en el otro extremo, las organizaciones pobres en recursos.

Los aspectos claves de los mercados financieros actuales son muy diferentes a los de fases históricas anteriores, es decir, gracias a las TIC el mundo de las finanzas se ha transformado, como gusta decir a los angloparlantes, dramáticamente.  Entre estos aspectos de esta transformación Sassen cita los órdenes de magnitud, la centralización de las transacciones, el nivel de complejidad de los instrumentos financieros y  la velocidad de las comunicaciones.

En el otro extremo, las organizaciones pobres en recursos, pueden llegar a ser parte de la política global de una forma que está protagonizada, sobre todo, por las grandes ciudades. Es lo que denomina globalidad no cosmopolita. Entiendo yo que éste es un fenómeno nuevo que alude directamente al carácter constitutivo de la digitalización.

La profesora Sassen nos anunció que sus últimas investigaciones en la Universidad de Columbia van dirigidas a este aspecto concreto, al parecer, dirige un programa de investigación en los barrios menos favorecidos de Nueva York. 

Todos estos procesos producen una constelación de significados que denomina ecologías amplias de significados. Que están formados por una relación dialéctica, es decir de mutua influencia, entre las tecnologías interactivas y la lógica de los usuarios. La lógica de los ingenieros puede diferenciarse significativamente de la lógica de los usuarios, pero se da una necesidad de mutua comprensión, en la que la una moldea a la otra y viceversa constituyendo ecologías complejas. Esta relación en las grandes ciudades es mucho más compleja, “extrema” diría la profesora Sassen y, para ella, constituyen un “todo”, que denomina, “todo multisitios”. El conocimiento multisitios socaba la inmovilidad de los poderes locales y los fuerza a adaptarse.

La formación de esta constelación significados que forma un todo,  se favorece gracias a las grandes velocidades de las TIC que hace posible una distribución informal de toda clase de conocimiento. Las grandes velocidades de la digitalización favorecen también la distribución del conocimiento en múltiples trayectorias diferentes. Los tipos de conocimiento emergentes son originalmente informales pero pueden eventualmente llegar a ser formales. Esto es válido tanto para el mundo de las finanzas como para las organizaciones de la sociedad civil que, al final, sufren un cierto proceso de burocratización y formalización.

Ciudades inteligentes

Habló también de las ciudades inteligentes (Smart cities). Nos dijo que el espacio urbano ha sobrevivido hasta ahora a múltiples regímenes políticos y económicos a través de los siglos y lo atribuye a dos motivos: son sistemas complejos e incompletos, siempre están por terminar (los madrileños cínicos suelen comentar que el día que se termine Madrid va a quedar muy bonita).
Las ciudades inteligentes, en cuanto sistemas rígidos, tienen un alto riesgo de obsolescencia técnica. Al principio los sistemas “están al día”, pero conforme pasa el tiempo quedan desactualizados, se produce la “muerte” de los mismos, eso lleva a la muerte de los edificios inteligentes - yo trabajo en uno de estos edificios que fue inteligente en su día y puedo confirmarlo - y , si el fenómeno se repite en muchos edificios, lleva a la muerte de la ciudad. 

El motivo no es otro que la ciudad actúa como un poderoso hacker, un espacio físicamente reducido en el que trabajan millones de usuarios con intereses personales distintos, un espacio capaz de contribuir al bien común incluso si los individuos implicados son  egoístas y desagradables (selfish and nasty). El resultado final es que la ciudad altera los diseños originales de los sistemas y los ajusta a los usuarios urbanos. Por lo tanto, los diseños rígidos no aguantan esta necesidad de cambio.

 Los problemas de los trabajadores y de los barrios pobres

Por último, la profesora Sassen planteó dos problemas relacionados con el futuro de los trabajadores de ingresos bajos y las nuevas tecnologías. En primer lugar, cómo la digitalización puede mejorar la vida laboral de los trabajadores de bajos ingresos abordando las necesidades específicas de estos trabajadores en su área de trabajo y en sus vecindarios. 

Creo que la Sra. Sassen entiende que existe un desequilibrio en el acceso a las tecnologías  por parte de los trabajadores. El aspecto clave que le preocupa es que esta infrautilización digital construye una diferenciación radical entre el espacio de trabajo y el espacio vital (es decir, el vecindario) para los trabajadores de bajos salarios. Esto es coercitivo, aumenta las dificultades en su vida diaria en el trabajo y fuera del trabajo y crea una creciente distancia cultural con las clases más acomodadas. En este sentido debe haber más innovaciones que satisfagan las necesidades y limitaciones de los trabajadores con bajos salarios en los accesos a las tecnologías.

En segundo lugar, la profesora Sassen advierte una complicación emergente que afecta cada vez más a todos los trabajadores. Se trata de la implantación de sistemas automáticos en los puestos de trabajo que realizan una parte cada vez mayor de la tarea de los operarios. Dichos sistemas pueden generar ambigüedad sobre la responsabilidad cuando algo va mal, en la medida en que el trabajador todavía tiene un papel en su despliegue.

Y esto ocurre tanto en el caso de los trabajadores de las fábricas y de las empresas de distribución, sector con un gran aumento en el uso de herramientas y máquinas robóticas en los últimos años, como en el caso de los trabajadores de alto nivel que también se enfrentan a este problema, dado el fuerte aumento en el uso de transacciones automatizadas de operaciones de alto valor. Éstas también que generan una ambigüedad similar con respecto a la responsabilidad por un error. 

Si algo sale mal, dado que todavía no están claras las responsabilidades legales - la legislación siempre va por detrás del mundo real – los trabajadores pueden verse ante demandas y en una situación indefensión por no poder contratar los servicios de abogados especializados, sobre todo en el caso de los obreros de bajos salarios.

Epílogo

Llegados a este punto y, aunque la presentación tenía más diapositivas, la profesora tuvo que terminar su discurso por falta de tiempo. Todavía dio para un turno de preguntas, algo que no es habitual en este tipo de actos, y se terminó formalmente la sesión.

Yo mismo le hice una pregunta y mantuve una conversación con la profesora. Después del acto pude saludarla. Fue todo un placer, no sólo por su amabilidad, sino porque no todos los días se tiene la oportunidad de escuchar a “uno de los grandes” de la sociología actual sobre uno de los asuntos que, en mi condición de sociólogo e informático, me interesa especialmente.


Juan Carlos Barajas Martínez
Sociólogo e informático
Miembro del Instituto Complutense de Ciencia dela Administración

https://www.ucm.es/icca/juan-carlos-barajas-martinez












Enlace al post "Saskia Sassen en Madrid" en el microblog Microsociología Divertida


Vídeo de la sesión: 



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